¿Por qué las mujeres están tan agotadas? El trabajo de cuidados y la carga mental
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Autor: ONU Mujeres
24 de junio 2026
El trabajo invisible que permite que las familias, los lugares de trabajo y las sociedades sigan funcionando, y qué podemos hacer para combatir el agotamiento de las personas cuidadoras.

¿Te suena esa voz en la cabeza que no deja de preguntarte «¿hay suficiente comida en casa?», «¿están al día las vacunas de mi hija?», «¿quién cuidará de mi madre enferma mientras estoy trabajando?»; esa lista incesante de decisiones que hay que tomar y de tareas que hay que llevar a cabo.
Es lo que se conoce como carga mental y, en muchos hogares, recae principalmente en las mujeres como parte de sus responsabilidades de cuidados: el trabajo a menudo invisible que supone cuidar de nuestras familias, nuestros hogares y nuestras comunidades. Esta tarea puede resultar pesada y abrumadora, o más ligera y sencilla, dependiendo de cómo se repartan las tareas de cuidado en la familia y del apoyo y los servicios disponibles.
ONU Mujeres cree que podemos y debemos replantearnos el trabajo de cuidados. Asumir esta responsabilidad en solitario, sin suficiente apoyo, descanso ni reconocimiento, puede provocar burnout, agotamiento, lo que tiene un efecto en cascada en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Pero con una mayor conciencia y un cambio hacia el reparto de las responsabilidades de cuidados, respaldado por políticas más equitativas y solidarias, podemos aligerar esa carga.
¿Qué es la carga mental?
La carga mental es el trabajo emocional y mental invisible que supone gestionar las interminables listas de pendientes de la vida cotidiana, como cuidar de otras personas, ocuparse del hogar y delegar tareas. Es la energía que dedicamos a pensar y prever necesidades y labores, a organizarlas y a llevar a cabo un seguimiento para asegurarnos de que se hayan realizado.
En el contexto de nuestros hogares y nuestras familias, la carga mental puede afectar a los progenitores, a las y los hijos adultos que cuidan de familiares de edad avanzada, a las parejas o a familiares que se encargan de las tareas domésticas, así como a las personas que se dedican al bienestar de sus comunidades locales.

¿Por qué las mujeres asumen una mayor parte de la carga mental?
En las relaciones, las familias y las comunidades, las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las responsabilidades domésticas y de cuidados no remuneradas, así como la carga mental que conllevan.
¿Por qué? Porque muchas personas crecemos absorbiendo estereotipos de género sobre las tareas de cuidados y el arraigado mito del trabajo femenino: el estereotipo persistente de que las mujeres son, por naturaleza, más competentes e intuitivas a la hora de cuidar, cocinar, limpiar y organizar el hogar.
Estos roles se aprenden socialmente, no están predeterminados por la biología.
La brecha de género en la carga mental suele mantenerse incluso cuando las mujeres son la principal fuente de ingresos en sus relaciones. Y dado que las responsabilidades de las mujeres suelen implicar que tengan que compaginar un mayor número de tareas, se considera que se les da mejor realizar múltiples tareas de manera simultánea. Pero pasar de una tarea a otra resulta agotador para cualquiera, tanto desde el punto de vista físico como mental.
Estas expectativas también transmiten a los hombres y niños la idea de que no están capacitados para asumir el liderazgo ni para gestionar las responsabilidades domésticas tan bien como las mujeres y niñas. Sus funciones quedan relegadas a las de ayudantes, meros espectadores o, simplemente, receptores.
En realidad, los hombres son igual de capaces de cuidar de otras personas. Un estudio tras otro han desmentido las creencias arraigadas sobre los roles de género supuestamente innatos y la idea de que los hombres no están hechos para los cuidados.
Las desigualdades tienen un efecto en cascada. En lo que se conoce como la penalización por maternidad, las mujeres tienen mayor probabilidad de percibir salarios más bajos y de ver frenado su desarrollo profesional cuando se convierten en madres (incluso antes de eso, las mujeres en edad fértil se enfrentan a discriminación en la contratación por parte de empresas que no quieren hacerse cargo de su licencia de maternidad). En una encuesta realizada en países europeos, la penalización por maternidad representaba el 60 por ciento de la brecha salarial de género.
Los hombres, por su parte, disfrutan de una prima por paternidad y tienen mayores probabilidades de recibir un aumento salarial tras tener hijos o hijas.
¿Por qué existe una brecha de género en la carga mental entre madres y padres?
Desde que Equimundo, un grupo de investigación, asociado de ONU Mujeres, puso en marcha su informe anual “State of the World’s Fathers”, ha quedado claro que: a los hombres les gusta sentirse involucrados. Nueve de cada diez padres encuestados están de acuerdo o muy de acuerdo en que “la mayoría de las veces, siento que cuidar de mis hijos e hijas o de mis seres queridos es una de las cosas que más disfruto en mi vida”, una proporción idéntica a la de las madres.
Sin embargo, aunque muchos padres afirman que quieren participar más activamente, este deseo no siempre se traduce en que compartan la carga emocional ni asuman más tareas. Además, debido a los estereotipos de género, los hombres pueden temer el estigma que conlleva decidir dar prioridad a las responsabilidades relacionadas con el cuidado de las y los hijos. Se les plantea una falsa disyuntiva entre ser un padre cuidador y ser un buen sostén de la familia.
Muchas políticas de licencia parental hacen que la crianza de las y los hijos sea aún más desigual. En los países donde existen licencias parentales para madres y padres, las madres tienen derecho, en promedio, a 24,7 semanas remuneradas, mientras que los padres solo disfrutan de 2,2.
Un número cada vez mayor de estudios demuestra lo beneficioso que resulta que los padres dediquen tiempo al cuidado de sus hijas e hijos, tanto para ellos como para sus bebés. Los padres que se involucran emocionalmente afirman tener una mayor autoestima, estar más integrados socialmente e incluso vivir más tiempo.

¿Qué pueden hacer las familias y la sociedad para compartir la carga mental?
Hay que frenar las situaciones que llevan a las mujeres al agotamiento tomando cartas en el asunto. Aunque los Gobiernos y las empresas desempeñan un papel fundamental en la lucha contra las desigualdades de género en el ámbito de los cuidados mediante políticas, servicios y un cambio en las normas sociales, hay muchas cosas que podemos hacer para repartir la carga en nuestros propios hogares y lugares de trabajo.
Libérate de los estereotipos de género. Detecta y cuestiona tus suposiciones sobre quién debe encargarse de prestar cuidados, hacer planes y gestionar las responsabilidades.
Visibiliza el trabajo invisible. Habla abiertamente de lo que hay que hacer y de todo lo que eso conlleva. Muestra tu agradecimiento a quienes realizan el trabajo, aprende de esas personas y comparte la carga.
Comparte los cuidados. Ya se trate de una persona de edad avanzada o con discapacidad, de una niña o un niño enfermo, todas las personas salimos ganando cuando somos más quienes nos cuidamos. Esto incluye la crianza en equipo: cuando nace una niña o un niño, el padre puede hacer todo lo que hace la madre, salvo darle pecho.
Anima a los niños a aprender desde pequeños a cuidar de otras personas. Enséñales el valor del trabajo que mantiene unidas nuestras casas y comunidades, y cómo ellos también pueden ser buenos cuidadores. Habla con las y los niños sobre la igualdad de género y los estereotipos.
Planifiquen y hablen juntos de sus necesidades. A lo largo de nuestras vidas, todas las personas proporcionamos y recibimos cuidados. No des por sentado que tus seres queridos sabrán lo que quieres cuando te toque recibirlos. Una comunicación abierta y temprana ayuda a aliviar el estrés.
Lucha por mejores políticas de cuidado familiar ante tus empleadores. Colabora con los comités de personal, los sindicatos, la dirección o el departamento de recursos humanos para promover políticas que apoyen a las personas cuidadoras, incluidas las licencias parentales y familiares.
Colabora con tus representantes en la administración local. Hazles saber que los servicios de cuidados y las políticas locales y nacionales son importantes para ti.

Cómo contribuyen los programas de ONU Mujeres a la transformación de los sistemas de cuidados
El trabajo de cuidados suele considerarse una responsabilidad privada e individual, pero las sociedades sanas y las economías sólidas dependen de la inversión pública en los sistemas de cuidados, por ejemplo en datos, leyes y políticas, servicios e infraestructuras.
A través de la Iniciativa Mundial “Transform Care”, ONU Mujeres trabaja para garantizar que el trabajo de cuidados se considere como lo que es: un bien público esencial para nuestras familias, comunidades y economías. Esto significa defender los derechos de quienes prestan y reciben cuidados, cuestionar los estereotipos obsoletos y colaborar con los Gobiernos para reforzar los sistemas de cuidados.
Compartir la carga mental de la crianza: las encuestas sobre el uso del tiempo realizadas por ONU Mujeres revelan que las madres asumen una parte mucho mayor de las tareas de crianza y de las labores domésticas. Nuestra campaña “Hand in Hand” es un experimento social impulsado por jóvenes que desafía los estereotipos y anima a los hombres y a los chicos a implicarse en mayor medida en los cuidados. El resultado: las mujeres y niñas disponen de más tiempo.
Cómo abordar el agotamiento de las personas cuidadoras: en Georgia, ONU Mujeres colabora con el primer sindicato del país para personas trabajadoras del hogar y del sector de los cuidados con el fin de defender los derechos laborales y una remuneración justa.
Cómo aliviar el estrés que supone el cuidado de las personas mayores: en Bosnia y Herzegovina, ONU Mujeres ofrece un programa de formación gratuito y profesional sobre el cuidado de las personas mayores dirigido a auxiliares de atención a domicilio, una forma de reconocimiento del valor de esta labor esencial.
Lograr un cambio sistémico mediante políticas: en Chile, miles de personas, entre ellas mujeres indígenas y con discapacidad, contribuyeron a definir nuevos enfoques nacionales en materia de cuidados, con el apoyo de ONU Mujeres. En Bangladesh y Nepal, la iniciativa “Caring Cities” de ONU Mujeres ayuda a las y los líderes locales a identificar dónde son mayores las necesidades de atención y a destinar los recursos a los lugares donde las familias más los necesitan.
Sin duda, se necesita de todo mundo para apoyar a nuestras familias y comunidades. Si queremos hacer frente al agotamiento y la carga mental de quienes cuidan –y dejar de sobrecargar a las mujeres–, tenemos que cambiar de forma radical la manera en que cuidamos de las demás personas, en especial la manera en que repartimos las responsabilidades entre mujeres y hombres, hogares, comunidades, Gobiernos y empresas.
ARTÍCULO PUBLICADO POR: ONU Mujeres

































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