La narrativa que transforma: cómo la comunicación institucional desactiva estereotipos de género
- Women For Women Ecuador
- hace 2 días
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Autor: Ekos Violeta
22 de enero del 2026

En las organizaciones, el lenguaje dejó de ser un elemento accesorio para convertirse en un factor que define cultura. Así lo sostiene María Patricia Graf, CEO de MPG Comunicación y Relaciones Públicas, quien advierte que cada mensaje institucional expresa -o contradice- el compromiso real con la igualdad. Cuando una empresa elige sus palabras, también establece los límites de su propio cambio.
“Cuando una empresa elige sus palabras, también elige la cultura que promueve”.
Graf reconoce que muchas marcas buscan posicionarse en temas de género, pero tropiezan por falta de coherencia. La equidad no se construye con imágenes simbólicas ni con discursos aislados: requiere participación femenina en la toma de decisiones, procesos de escucha activa y una narrativa que se sostenga con acciones verificables. En su experiencia, el riesgo no está en hablar de género, sino en hacerlo sin propósito.

“El riesgo no está en hablar de género, sino en hacerlo sin coherencia”.
Para evitar reproducir sesgos, las compañías deben revisar sus fundamentos: el manual de marca, la representación en vocerías estratégicas, los guiones, las imágenes y la forma en que conversan con sus comunidades. La consistencia entre comunicación interna y externa es -según Graf- el primer filtro para identificar si la igualdad es un valor corporativo o un mensaje aspiracional.
Su agencia ha acompañado a empresas que, al replantear su narrativa, lograron visibilizar talento femenino en sectores históricamente masculinizados. No se trató de “incluir mujeres”, sino de reconocer liderazgo, capacidades y perspectivas que enriquecen la toma de decisiones. Cuando la narrativa cambia y las acciones la respaldan, la cultura responde.
“La narrativa solo funciona cuando se respalda con acciones medibles y visibles”.
En América Latina, añade, las organizaciones deben impulsar mensajes que muestren a las mujeres como decisoras, que posicionen la igualdad como un activo competitivo y que se basen en historias reales. Los líderes tienen un rol determinante: su coherencia marca el tono reputacional. Un discurso sin decisiones alineadas erosiona confianza.
El punto de partida para un proceso serio es claro: diagnosticar, escuchar, medir y construir indicadores que reflejen avances reales. La igualdad no se comunica; se practica, se verifica y luego se cuenta.
“La igualdad debe traducirse en decisiones, no en símbolos”.
ARTÍCULO PUBLICADO POR: Ekos Violeta




































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