¿Cómo realmente se ve la igualdad?



¿Cómo quiero que se vea el mundo en el 2030? Eso es fácil: quiero una igualdad real, donde las mujeres dirigen la mitad de nuestras empresas y países, y los hombres dirigen la mitad de nuestros hogares. La parte difícil es llegar allí. Sin un cambio importante en nuestros estereotipos sobre las mujeres y los hombres, la verdadera igualdad todavía está a generaciones de distancia.


Sin embargo, cuando miro a las mujeres de mi familia, me doy cuenta de cuánto progreso hemos logrado. Mi abuela nació en 1917 y en aquel entonces, solo unos pocos países daban a las mujeres el derecho al voto. Desde la universidad hasta la mayoría de las opciones de carrera y clubes deportivos y sociales, estaban fuera del alcance de ella.

A medida que fui creciendo, pensé mucho en su vida, en las cosas que no tenía permitido hacer. Cuando llegó la Gran Depresión, la sacaron de la secundaria y comenzó a trabajar para mantener a nuestra familia, algo que nunca le habría pasado a un chico.

Mi abuela pasó a vivir una vida increíble, llena de éxitos académicos y comercial. Se graduó de la universidad Berkeley, salvó el negocio familiar, venció al cáncer de mama y crió a tres amorosos hijos. A veces me pregunto cuán diferente sería su vida si hubiera crecido en una sociedad que valorara tanto su contribución como la de sus hermanos.

Para cuando nació mi madre, las mujeres habían luchado y ganado el derecho al voto. Pero mi madre todavía no podía ir a la universidad de primera elección porque, es cierto, no aceptaban mujeres. Parece increíble ahora, pero fue hace solo unas décadas.

Nadie se ha inclinado más que mi madre. Ella ha sido maestra, voluntaria, madre y más. Pero la verdadera igualdad requiere algo más que solo inclinarse por las mujeres. También necesitamos hombres para apoyarse en sus familias y apoyar a las colegas femeninas en sus lugares de trabajo.

Quiero que nuestra generación sea la última en crecer conociendo las barreras estructurales y culturales que detienen a las mujeres. Quiero que nuestras hijas e hijos puedan elegir los mismos cursos universitarios y seguir las mismas carreras, por el mismo salario. Quiero que sigan sus talentos sin prejuicios haciéndolos dudar de sus elecciones. Y si tienen hijos propios, quiero que sean socios iguales para criarlos.

Hay un largo camino por recorrer, pero tenemos un impulso de nuestro lado, y un ejército de madres y abuelas para inspirarnos, apoyarnos y ayudarnos en el camino. Con ellos, y también con nuestros padres y abuelos, podemos lograr la verdadera igualdad.

Articulo publicado por: Huffpost

Autora: Sheryl Sandberg

Traducido por: Women for Women Ecuador

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